La relación de los festejos la voy a contar de forma cronológica.
La festividad del comienzo del año, Año Nuevo, Circuncisión de Jesús, empezaba a lo grande con el primero de enero, uno de los llamados “días de botillo”. Estos eran el 1 de enero, el Martes de Carnaval y San Roque. El ayuntamiento en corporación, en formación muy solemne -el alcalde con el bastón de mando- asistía a la misa de la parroquia que se celebraba al mediodía. La campana del Reloj se unía, con su clásico dan, dan, dan a las de la iglesia en las tres llamadas, 11:30, 11:45 y 12 horas, que se hacían a los fieles. Posteriormente, en los bajos del ayuntamiento, se realizaba el Voto Concejo y se invitaba a los vecinos a un ágape con escabeche, bacalao y vino.
El 6 de enero, Día de los Reyes, después de misa, en la Plaza se realizaba la representación del Auto de los Reyes Magos. El balcón del ayuntamiento hacía de palacio de Herodes y desde allí este personaje, acompañado de su consejero, representaba su papel de malo. Los otros tres reyes hacían su aparición a caballo: uno por la calle de La Herradura, otro por la de San Francisco y otro por Castropete. Interpretaban sus personajes, referían su procedencia y la razón de la venida. Hasta mediados de los años sesenta del pasado siglo los discursos que los distintos personajes declamaban eran bastante más cortos que los actuales. Aquellos procedían de manuscritos que no siempre estuvieron bien guardados y podían ser diferentes de unas representaciones a otras. Los actuales provienen de la recopilación que se hacía en varios pueblos realizada por el antropólogo claretiano carbajalino Francisco Rodríguez Pascual. Siempre fue la representación de este auto sacramental un acontecimiento muy apreciado en la Villa. Ojalá seamos capaces de seguir representando este antiguo auto, acontecimiento único por estas tierras.
El de Reyes era un día especial para los niños, sobre todo para las niñas, aunque no todos tenían la misma suerte. Entonces la Plaza era para las personas y a ella y al cemento, iban a pasear y presumir de los juguetes con los que los Reyes les habían obsequiado. Aquel día era el más importante del año para los pequeños pues, salvo raras excepciones, no había más juguetes en todo el año.
El 17 de enero se celebra la festividad de San Antonio Abad, San Antonio de Egipto, San Antón o San Antonio de los Burros, que por todos esos nombres se conoce al santo que se festeja ese día, muy apreciado por ser el patrón de los animales. La imagen se saca al atrio de la iglesia antes de la misa y se coloca sobre una mesa con suficiente espacio para que los fieles le vayan dejando allí sus ofrendas. Estas suelen consistir en cosas que ellos mismos fabrican: el panadero, una rosca de pan; la confitera, una caja de pastas; el que tenía un palomar, unas palomas; un cordero el pastor, un gallo, chorizos y patas del cerdo ya curadas… en fin, cada uno según su capacidad y voluntad. Al tiempo de depositar las ofrendas, a los pies de la imagen, había algunos que le recitaban versos compuestos por ellos mismos, unos ofreciéndole la dádiva y otros, además, solicitando protección para sus animales. Había “ofrendadores” famosos tanto por la gracia que tenían sus composiciones como por la manera de declamar y de hacer la ofrenda. Cuando estos aparecían en la vuelta del reloj rápidamente se oía la noticia: ya viene fulano…, ya llega mengano… y los asistentes, expectantes, se amontonaban alrededor del santo para oírlos. A continuación se hacia una misa solemne que era amenizada en la parte cantada, siempre en latín, por el señor Santiago, el señor Perico y el señor Manolo el sacristán. El cántico era digno de escuchar con mucho silencio sobre todo en el Gloria y el Credo que lo hacían en un gregoriano merecedor de ser interpretado en la Scala de Milán. ¡Con qué cariño recuerdo a aquella gente!
A continuación se efectuaba la subasta de las ofrendas ¡Qué bien lo hacía el gran Epifanio, a quien relevó Manolo y a este su hijo Antonio!
Febrero, aunque corto es muy festivo. El día dos tenemos ya las Candelas. Esta fiesta no era de relevancia pero sí muy significativa. Se celebra el rito judío de la presentación de Jesús en el templo y la purificación de la Virgen María. Lo que significaba, en la realidad católica, era que la mujer había cumplido la cuarentena después del parto e iba a la iglesia para la purificación.
En Salamanca se canta una copla que decía: El día de las candelas/el segundo de febreró (sic)/ salió a misa de parida/ María madre del verbó (sic). Porque así se llamaba esta ceremonia: Misa de parida. A la iglesia la mujer llevaba una vela encendida, quizás también una paloma, y se la ofrecía a la Virgen rezando y manifestando que ya estaba purificada. Hoy es difícil creer esos ritos, pero la mujer hasta después de cuarenta días de haber dado a luz no podía salir a la calle y lo más increíble, hasta la iglesia le prohibía la asistencia a misa. ¡O tempora, O mores!
También las Candelas es como una especie de anunciador del tiempo que va a hacer, si va a ser bueno o no. Para eso aquí tenemos el refrán: si la Candelaria plora, el invierno fora.
En Estados Unidos también este día lo utilizan para anunciar como va a ser el tiempo en el futuro inmediato, pero para ello tienen la parafernalia con una marmota. Allí lo hacen en muchos sitios aunque el más conocido es el que se hace en Punxsutawney, (vaya nombrecito), Pensilvania, en donde sacan a Phil, que la tienen invernando en una jaula. Si Phil ve su sombra se vuelve a meter en la jaula porque eso significa que van a venir 40 días más de invierno. En cambio, si el cielo está nublado o augura lluvia, no vuelve para la jaula ya que el invierno se acaba.
Tres días después Santa Águeda, patrona de las mujeres. Nunca aquí lo vi celebrar, a lo mejor no dejaban, en cambio ahora es una fiesta que tiene mucha fuerza. ¡Viva santa Águeda y quienes la festejan!
En este mes también suelen caer -o no- los carnavales ya que están condicionados por la Semana Santa, pues el Domingo de Resurrección ha de coincidir con la primera luna llena de la primavera.
El primer día de Carnestolendas o de Antruejo es el domingo, que se celebraba con desfiles de disfraces y de máscaras. Esto último, y algún otro indicio, me lleva a pensar que en Alcañices se hacían mascaradas como se siguen haciendo en muchos pueblos de Aliste. Los carnavales, que se vienen celebrando desde tiempos inmemoriales, Saturnales romanas, días de permisividad y descontrol, no son fiestas religiosas, son paganas. Las prohibiciones han intentado que desaparezcan, pero estas costumbres están tan arraigadas que surgen de manera espontánea saltándose generaciones.
El lunes pasaba desapercibido, no tenía relevancia, en cambio el martes era el día grande. Desfiles, disfraces, coros, comparsas y grupos de todo tipo que cantaban coplillas irónicas que contaban las cosas que habían pasado durante el año y que a los actores no les hacía mucha gracia que fueran contadas. Poseo alguna copia de eso cánticos, pero no las tengo a mano.
Una sin malicia que contaban de mi familia y que la tengo en la memoria: “El año ha sido lluvioso y todos sabéis por qué, pues los Barros han llegado hasta casa de Isabel.” (El tal Barros era mi bisabuelo Juan, e Isabel, mi bisabuela, que se habían casado hacía poco).
Había bailes y comilonas en la plaza e incluso en círculos y casinos privados. En fin, que se desquitaban a priori de los cuarenta días de abstinencia que venían. Carnestolendas, más o menos, significa que se prohibía comer carne y caldo de carne durante la cuaresma. Bueno, si comprabas la “bula” no tenías ese castigo, aunque había mucha gente, por desgracia, que estaba en cuaresma todo el año.
El Miércoles de Ceniza se acababan los carnavales y comenzaba la cuaresma. Ese día todos, o casi, iban a misa a recibir la ceniza. El sacerdote con ella les hacía una cruz en la cabeza diciendo la animosa frase: Pulvis eris et in pulverum reverteris. Esa noche se quemaba la sardina como anuncio de que a partir de entonces solo era lícito comer pescado. Paquito Aguiar hacia una gran sardina con un esqueleto de hierros recubiertos con tela que se quemaba en la plaza y los asistentes comían, bailaban y cantaban alrededor, llorando con gran pena.
El domingo siguiente al Miércoles de Ceniza es el de Piñata. Aquí también, ha tiempo, debió de celebrarse, según oí contar se hacían meriendas y bailes, nunca vi celebraciones ¡como para permitir entonces los curas festejos en cuaresma!
El anuncio de la Semana Santa nos lo da el Viernes de Dolores, festividad de las Dolores y Lolas. No tenía grandes actividades, era un día de meditación. Puede que no fuera así, pero yo creo que por la noche se rezaba el viacrucis en la iglesia de arriba y en cada una de las estaciones se besaba el suelo ¡Cómo sabían a salitre las lápidas!
El comienzo de Semana Santa era el Domingo de Ramos. Los ritos semana-santeros ya se hacían mucho antes de que existiera el Convento de San Francisco, hoy Santuario de la Virgen de la Salud. Pero en este relato ya existía. El ceremonial del día, misa y procesión. Alguien se encargaba de llevar ramos de laurel a la puerta de la iglesia para los asistentes a la procesión. Algunos -pocos- llevaban palmas. La procesión discurría por la calle de los Labradores, la del Hospital, la Plaza y la de San Francisco, siempre cantando la Gloria de Jesús y rezando. Al llegar al Convento la puerta estaba cerrada, cual las puertas de Jerusalén, Para lograr abrirlas estaba el señor Perico que lo solicitaba cantando y dando golpes con la Cruz Procesional. Desde dentro, también cantando, contestaba Manolo. Las oraciones y los cánticos siempre eran en latín. Parece ser que Manolo no era difícil de convencer y accedía pronto a abrir las puertas y que pasaran al templo todos los procesionantes para asistir a la misa. Una vez acabada la misa todo algunos se dispersaban por bares y otros se iban directamente a sus casas. No había más ceremonias hasta el miércoles.
El miércoles Santo por la noche se procesiona el Cristo del Silencio, imagen protogótica de Cristo crucificado, posiblemente del siglo XIII a la que se tiene gran devoción, y la gente asiste a la procesión con mucho recogimiento. Cuando existía la cofradía de la Vera Cruz los cofrades portaban un farol. Quedan algunos ejemplares (los hacia el Tío Campante y los continuó haciendo su hijo Pepe). La procesión era desde la parroquia hasta el convento donde se dejaba para que saliera en la procesión del viernes.
El jueves la misa era por la tarde. En la ceremonia se hacía el lavatorio de los pies a los niños, que representaban a los apóstoles. El último se decía que representaba a Judas y ninguno de ellos quería ocupar ese lugar, por lo que algunos lloros y peleas se originaban por eso. Después de la misa salía la procesión con los correspondientes pasos. Luego, la exposición del Santísimo para lo que previamente se habían hecho turnos para velarlo y que nunca estuviera la iglesia sin gente. Durante la procesión se cantaba el Miserere. Como no mencionar aquí a Manuel Muñoz, a Isidro Gago y a todos, mujeres y hombres, que lo cantaban a pleno pulmón. Primero decían los sacerdotes los versos en latín y después los asistentes repetían los cánticos en castellano.
Viernes Santo. Como Cristo estaba muerto, no se tocaban las campanas. Para las celebraciones religiosas se llamaba a los fieles con las matracas que, manejadas por los monaguillos, siempre había voluntarios para tocarlas un poco, recorrían todas las calles avisando de las ceremonias con su triste sonido.
Por la mañana, los Oficios Divinos al Cristo muerto. No había misa. Por la tarde, el Descendimiento. Esa ceremonia dirigida y acompañaba de un sermón que yo recuerdo muy tétrico. Todavía resuena en mis oídos la potente voz de don Víctor, párroco de San Juan del Rebollar, condenándonos a todos por aquella crucifixión, mandando a Nicodemo y a José de Arimatea que lo desclavaran y lo bajaran de la cruz. Muchas noches de niño me quitó el sueño.
Luego las imágenes salían en procesión muy representativa de la Pasión por este orden: primero, una Cruz desnuda con el sudario, a continuación la Magdalena con la copa de los perfumes seguida de la Verónica llevando entre las manos el velo con la Santa Faz; después el Nazareno, el Cristo del Silencio, (que procesionaba hasta la parroquia y allí se quedaba) la urna bajo palio con Cristo muerto y cerrando el desfile la Dolorosa. Todas las imágenes iban custodiadas por cuatro cofrades.
Entre el Cristo del Silencio y la Urna desfilaban dos miembros disciplinantes de la Cofradía de la Vera Cruz llevando una corona en la cabeza, una cruz de madera al hombro y unas largas sogas o cadenas atadas a los tobillos. Estas procesiones desfilaban por la calle de los Labradores, la del Hospital, la Plaza, la plaza del Reloj, la de José Ferreras y volvía al Convento por la plazuela de la Iglesia, Dentro la Villa, José Ferreras, el reloj, la Plaza, San Francisco hasta que concluía en el Convento. También los cánticos del Miserere acompañan la procesión.
Este mismo día, ya de noche, procesionaba la Dolorosa acompañada de mujeres vestidas de luto, algunas con peineta. También, como no podía ser de otra manera, acompaña a la imagen el cántico del Stabat Mater, primero en latín y luego, los feligreses en castellano. Esta carrera empieza y termina en la parroquia y tiene el mismo recorrido de las anteriores.
En las procesiones de día los cofrades desfilaban con capuchón, traje morado de terciopelo, cíngulo blanco el jueves, negro el viernes, y alta vara negra rematada con una cruz los dos días. En las nocturnas portaban un farol.
Lo que escribo de la Semana Santa corresponde a tiempos no muy antiguos, cuando la cofradía de la Vera Cruz ya había perdido gran parte de la relevancia que tenía en épocas anteriores. La cofradía, hay documentación, existía desde el siglo XV. Una bula otorgada por el Papa León X el 20 de octubre del año 1515 lo acredita. De 1574, es muy posible que sean copia de otros anteriores, hay unos estatutos en los que se detallan minuciosamente las reglas de la cofradía y las obligaciones de los cofrades. Había dos tipos de cofrades: de Luz y Disciplinantes. Aquellos vestían capuchón, portaban farol con vela gorda y ordenaban las procesiones. Los segundos se laceraban la espalda con cuerdas al modo como lo hacen ahora en algunas localidades de la Rioja. También pertenecían a la cofradía mujeres con los mismos derechos y obligaciones que los hombres.
El día más importante de la Semana Santa era el jueves en el que se celebraban muchos ritos. Los cofrades estaban obligados a asistir a todos los actos. A los disciplinantes se les curaba en la sacristía del convento, donde previamente se habían dispuestos los remedios necesarios. Para celebrar que todo había salido bien, al final de la procesión había aceitada y algún vasito de limonada.
El sábado había la misa de Gloria, creo que este es, o debería ser, el día más importante de cristianismo, la resurrección. En el Gloria se encendía el Cirio Pascual y se volteaban largamente las campanas. Del obispado de Zamora (Aliste hasta 1888 perteneció al obispado de Santiago de Compostela) venia un seminarista que traía los Santos Óleos. Al final de la misa las asistentes llenaban de agua bendita las vasijas o jarras, que habían traído con ese fin. Después con esa agua bendecían las casas y el ganado.
El Domingo de Resurrección -que quedamos que tenía que ser luna llena, se hacía y se hace la procesión del Encuentro y misa de Gloria. Desde hace varios años en la procesión se cantan unos descriptivos versos que Germán el de Correos trajo de su pueblo, Figueruela de Abajo, y que han tenido mucha aceptación.
Mayo no es un mes que festivamente tenga mucha importancia. Estaba dedicado a la Virgen y se le llamaba El Mes de las Flores. Recuerdo con mucho agrado los repiques que, desde el campanario del Convento a las doce, puntualmente, hacía el Señor Manolo “el Chivo” (a quien ya he dediqué un relato titulado el Encuentro que se puede leer AQUÍ). Se lucia regalándonos unos repiques que, por desgracia, son irrepetibles. Él no tuvo continuidad.
El día más importante de la cofradía, festivamente, era el 3, que se conmemoraba la Santa Vera Cruz, fecha en la que celebraba, digamos, su día. Las últimas veces que se festejó fueron en los tiempos en los que Jesús Lorenzo “Canusco” era presidente de la cofradía. En la Fuente Herrada, amenizados por Cirilo y sus “Murcianos” (esta es otra historia de lapsus y confusiones) se comían unas bollas y empanadas acompañadas por limonada y vino. También hubo algunos años en los que al final de la procesión del viernes en los soportales de la plaza obsequiaban a todo el que quería participar con limonada, vino y la tradicional aceitada.
El quince del mes es la festividad de San Isidro Labrador. Es el patrón de los agricultores y lo celebran como corresponde. Hay misa a las doce y después sacan a la imagen en procesión para la bendición de los campos. Esta procesión tiene dos rutas en función de donde ese año se hace la siembra de las tierras; si es hacia Sahú la bendición se realiza (se realizaba) desde la Era. Si la facera estaba para el Sierro se bendecía desde el río.
San Isidro considero que era un hombre con suerte, se iba a la iglesia a rezar mientras los bueyes le hacían el trabajo. ¡Anda que es lo mismo estar en verano rezando que trabajando al solazo!
Y llegamos a junio, sexto mes de año.
El 13 se festeja a San Antonio de Padua, los portugueses dicen “de Lisboa” y tienen razón, Antonio nació en la capital lisboeta y justo es que lo reivindiquen como portugués. (los santos, como tales, no son de donde nacen sino de donde mueren). Existía, creo que ha desaparecido, una cofradía dedicada a la mayor gloria de este santo a la que pertenecían casi todos los jóvenes de la Villa. Al novenario asistían la gran mayoría, todos con la medalla de la cofradía prendida en la solapa. Algunos años, después de la novena, había baile en el cemento de la plaza con el altavoz del Café Central, eso era en tiempos de Isidro “Social” y de Alberto. El día de la festividad había misa mayor, procesión con la imagen del santo y baile que financiaban los mozos. Habitualmente venían buenas orquestas, recuerdo la Copacabana de Benavente, entonces una de las mejores de la provincia.
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