Continuamos los paseos por las calles de la Villa, protegidos con la mascarilla y guardando las distancias. Hoy lo hacemos por la calle de Braganza o Cuesta de la Herradura que por estos dos nombres se la conoce. En este paseo me acompaña Ángel Cerezal, nacido y criado en ella, por lo que tiene un conocimiento de las cosas, la gente y aquí acontecido desde los años cincuenta del S. XX. Como yo, creció en un bar, circunstancia que le permitió conocer, relacionarse, tratar a gente y oír hablar de sucesos y personas que algunos desconocen totalmente.
En la acera de los números pares -por la que empezamos el recorrido- los edificios, desde la plaza hasta la primera calleja, no tienen nada que ver con los que había en la época de la que este paseo trata. Todos están reedificados y no siempre para bien.
Echamos a andar por la cuesta abajo, y como el primer edificio lo incluí en el paseo por la calle del Hospital, nada más añadiré a lo que dije de él cuando hice el paseo por allí; aunque tenía el acceso principal por esta calle por una hermosa puerta de postigo a un portal que daba al taller de la zapatería, negocio de la familia, al que daba un balconcillo en el bajo.


