No piensen que este aparatoso título es una tesis teológica o filosófica, se trata sencillamente de contar las repuestas que dio a las preguntas que le hicieron a una niña a la que estaban adoctrinando para recibir la primera comunión. Así que tranquilos que no es tan transcendente la cosa.
En aquellos oscuros tiempos en los de
la creencia de que “la letra con sangre entra”, bueno, quizá la sangre no
llegara al rio, pero sí que los castigos corporales eran los que primaban:
largas puestas de rodillas, alguna que otra bofetada y, algún que otro
coscorrón con el puño cerrado y el dedo corazón sobresaliendo para que percutiera con fuerza sobre la pobre
cabeza del indefenso aprendiente.