jueves, 19 de marzo de 2026

Días festivos en Alcañices en otros tiempos. I parte

Esto pretende ser un relato recuerdo de las celebraciones que se hacían en, por lo menos, los siglos XIX y XX que, aunque con alguna variación, eran herederas de las costumbres y ritos anteriores. La pretensión es que quede en la memoria las maneras que tenían nuestros antepasados de hacer las cosas. Mucho de eso lo viví y mucho también se lo oí a los que iban a charlar y pasar un ratillo a la taberna que tenía mi familia en la calle de los Labradores. A ellos le debo gran parte de las cosas de las que escribo en estos relatos. Mi agradecimiento.

La relación de los festejos la voy a contar de forma cronológica.

Días festivos en Alcañices en otros tiempos. II parte

Los días uno, dos y tres de julio eran, y son, las dedicados a la Virgen de la Salud. Siendo también el dos muy importante en lo comercial aunque en este sentido hay muchas diferencias, sobre todo en lo referente a productos. Ahora hay mercadillo, antes la oferta era de herramientas agrícolas. Trataré de cómo y que se ofrecía antes.

El día 1 la plaza del convento y alrededores se llenaba de aperos para los trabajos de siega, trilla, acarreo y de todo lo necesario para las faenas agrícolas propias del verano. Los artesanos de Cantalejo traían y ofertaban trillos, yugos, trasgas, biendas, bieldos, horcones, tornaderas de madera y de todo lo necesario para realizar las labores agrícolas veraniegas. 

domingo, 18 de enero de 2026

El Ciclo agrícola en Alcañices

Podría haber titulado este relato “Ciclo agrícola en Aliste” pero, aunque supongo que la manera de realizar y organizar los trabajos sea idéntica, como es Alcañices lo que más conozco, me voy a limitar a relatar como se hacían en la Villa.

La forma de cultivar los cereales era por año y vez, esto es: se hacía barbecho, lo que significaba que a las tierras se las dejaba un año de descanso. Había dos faceras, manera de designar cada uno de los sitios que se sembraban cada año. Una al este: la de Sahú -entre la carretera de Rabanales y la de Zamora- y al oeste la del Teso de las viñas -desde la carretera de San Vitero a la de Tres Marras-. Eso influía en el tiempo en que se acotaban y desacotaban los valles de Sahú y de Palazuelo. O sea, cuando se permitía o no que los ganados podían pastar en ellos.

miércoles, 26 de febrero de 2025

El contrabando

Dedicarse al contrabando -a la Raya- nunca se ha visto en Alcañices como algo ilegal. Bueno, quizás ilegal sí pero no como algo ilegitimo. Quien más, quien menos, en alguna ocasión hemos participado en este comercio (recuerdo que alguna vez el inefable Barré me decía: he podado en el prado de Las Urrietas unos robles y entre las ramas dejé el fardo, mañana trae el carro y debajo de la leña lo llevamos). 

Desde una navaja de Malhadas o de Palaçoulo hasta un televisor de color o una cubertería, cuando en España -o “en este país” como dicen ahora los políticos- estaban muy caros los pasábamos de Portugal. Alguna ventaja tiene que tener la cercanía. 

sábado, 30 de septiembre de 2023

¿Quién es Dios?

No piensen que este aparatoso  título es una tesis teológica o filosófica, se trata sencillamente de contar las repuestas que dio a las preguntas que le hicieron a una niña a la que estaban adoctrinando para recibir la primera comunión. Así que tranquilos que no es tan transcendente la cosa.  

En aquellos oscuros tiempos en los de la creencia de que “la letra con sangre entra”, bueno, quizá la sangre no llegara al rio, pero sí que los castigos corporales eran los que primaban: largas puestas de rodillas, alguna que otra bofetada y, algún que otro coscorrón con el puño cerrado y el dedo corazón sobresaliendo  para que percutiera con fuerza sobre la pobre cabeza del indefenso aprendiente.

viernes, 17 de marzo de 2023

Otras historias

En el libro Capa y Espada de Fernando Fernán Gómez me encontré con estos versos

La carne la, sangre y sudor
se llevan las provisiones
quedos están los millones
y Olivares, gran señor,
Alcañices cazador,
Carpio en la cámara está,
Monterrey es grande ya,
don Baltasar presidente…
Las mujeres de esta gente
nos gobiernan … ¡Bueno va!

martes, 6 de diciembre de 2022

Encuentro

* Dedicado especialmente a todos los que todavía recuerdan los repiques (conciertos) que nos regalaba el Sr. Manolo “el Chivo” 

La UNESCO declara el repique de campanas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

Aquel fue un día raro. Gentes provenientes de todo España, incluso del extranjero, todos hijos de la Villa, se reencontraban en la plaza, pero extrañamente ninguno sabia cual era la razón que allí los había traído. Algunos no habían vuelto al pueblo desde pequeños. Eran hijos de funcionarios que se fueron allá donde los destinos de sus padres los habían llevado. Pero los más eran nativos, descendientes de padres y abuelos aborígenes, o sea, alcañiceños lígrimos que habían emigrado en busca de una vida mejor. 

miércoles, 27 de abril de 2022

El Tratado de Alcañices

El próximo 12 de septiembre se cumplen setecientos veinticinco  años de la firma del acuerdo  que ha pasado a la historia como la Concordia o Tratado de Alcañices. Dicho acontecimiento se formalizó en la fortificada villa de Alcañiças en 1297, negociado por la alta nobleza y firmado por los reyes de Castilla Fernando IV (por el que ejercía como regente su madre María de  Molina, ya que Fernando tenía solamente 12 años) y  de Portugal Dinis I.  En ese acto pactaron, entre otras cosas: la ratificación de compromisos matrimoniales, la defensa y protección de sus reinos frente a terceros, cesión de tropas por parte de D. Dinis e intercambio de territorios, varios de los cuales ya pertenecían de facto al otro; lo que conllevó   la delimitación territorial, el establecimiento de la frontera, entre uno y otro reino. Circunstancia  que, con escasas variantes, sigue vigente en la actualidad. 


 Ambos monarcas vinieron acompañados   por la nobleza y la alta curia de sus respectivos reinos. Probablemente en ese tiempo la villa fue una de las localidades de Castilla que  más gente albergaba. La presencia del rey  hizo  que Alcañiças fuera  durante esos días, todo un mes,   como la capital del reino. Al ser la corte itinerante, donde estaba el monarca estaba la capitalidad. Los Templarios, con el maestre de Castilla Rodrigo Yáñez a la cabeza, orden a la que en varias ocasiones distintos reyes habían concedido y confirmado el señorío de Alcañices, ejercieron de  anfitriones.

domingo, 3 de abril de 2022

UN DÍA CUALQUIERA DE MEDIADOS DEL SIGLO XX EN LA PLAZA MAYOR DE ALCAÑICES

Vista de la Plaza Mayor de Alcañices en la década de los 80 del pasado siglo. 

       


    No  ha amanecido y ya los hermanos Román Losada -Manolo, Paco y Antolín- suben la cuesta de La Herradura y cruzan la plaza camino del horno para  comenzar los trabajos de la elaboración del pan. Hay que hacer las tortas pronto y atender a los clientes madrugadores. Es posible que sea una de las últimas veces que Manolo, el mayor de los hermanos, haga este recorrido, ya que en unos días va a casarse con una chica de San Vitero y tiene previsto establecerse allí para poner una panadería. 


    El siguiente en aparecer, aunque en dirección contraria, sube por Castropete hacia la calle del Hospital, es Manuel Noro “Vila”. Es uno de los dos churreros que hay en el pueblo. Tiene la churrería en el bajo de la casa de la viuda de Monforte, la “Roja”, (apodo que le viene   del color de su pelo, no por ideología), y quiere tener los churros para cuando llegue el  coche de línea en el que vienen clientes. Algunos  son habituales: Rafael el del Bostal, Damián, de Rábano, con sus piedras de variscita en el bolsillo y también algunos de Nuez. Van a Zamora a médicos, negocios y/o a consultas con abogados. Inocencio, el conductor, y Manolo “el del Correo”, el cobrador, también pasan todos los días por la churrería a tomar un café con leche, unos churritos y, si cuadra, una copichuela de aguardiente que en el autobús no hay calefacción. Al autobús sube "Felismina", va a ver a Manolo Augusto “el de la Elisa”, su marido, que unos días antes lo pillaron con el fardo y lo llevaron para Zamora.

lunes, 10 de mayo de 2021

CALLE DE LA FUENTE, ÚLTIMO PASEO

Calle de La Fuente (FOTOGRAFÍAS DE JOSÉ RAMOS VAQUERO)

Para mí, y creo que para la mayoría, esta calle empieza donde termina la plaza del Reloj y lleva este nombre la que continua hasta la fuente y la que se abre bordeando la muralla.  Hasta no hace mucho, supongo que ya no, la que va hasta la fuente se llamaba  José Antonio.

Después del comercio de la Chata hay una vivienda que pertenecía a Francisco España. Este señor se había marchado de Alcañices hacía tiempo y dejo en el pueblo,  en casa de Tomás España, a su hija  Manolita. Cuando volvió era prácticamente un desconocido. Manolita estaba casada con Gamaliel Sánchez y el matrimonio vivió en esta casa.

En la siguiente, que estaba construida sobre cimientos de durísima  peña, vivía la familia de Manuel Míguez “el Zorrico”. Recuerdan  aquello de: mi madre es mi tía y mi tía es mi madre. Era una familia grande, varios hijos y varias hijas. Las hijas eran, siguen siendo,  guapas, una de ellas, Julia, continua  en la Villa y alguna de las hermanas suelen venir en el verano, sobre todo en las fiestas de San Roque. 

domingo, 2 de mayo de 2021

PLAZA DEL RELOJ Y LA OBLIGA

Subiendo a Dentro la Villa desde la plaza, se abre esta plazuela. En la acera de la derecha  tiene la entrada  la vivienda de la familia de José Calvo y Josefa Leal. A la farmacia se accede por la plaza. La casa  llega hasta la calleja del Reloj a la que dan las traseras de las de la plaza. En esta calleja solo existe una  vivienda que pertenece a Alberto Pérez. En la esquina está la Torre, cubo de la muralla, que da nombre al recinto. Voy  a reproducir lo que escribí en 1984 en las tesina para obtener la diplomatura  de Graduado Social que titulé Historia y Socio–Economía de Alcañices. “El reloj está instalado en un cubo de la muralla. Es un torreón semicilíndrico de mampostería y piedra de sillería rematado por un tejado de pizarra sobre el que está instalada una forja de hierro que sostiene la campana dominando todo el pueblo.


En contraposición a lo que dice su leyenda:

                      Si pasas por Alcañices,

No preguntes que hora es

Porque el reloj de la Villa

Da la una y son las tres.



lunes, 19 de abril de 2021

LA ATALAYA

Bajando por Castropete, justo antes de llegar al Mesón, tomamos la salida a la derecha. En  la  primera construcción, un corral  deshabitado, que pertenece a Mercedes Santiago Campos,  donde convivió  con los aperos de labranza Isidro  Santiago Gago, solterón empedernido.

La siguiente casa pertenecía  a  Antilo Bermúdez y a Virginia, su mujer. Antilo era  albañil y trabajaba por  los pueblos de Aliste. No llegué a conocerlo pero fue un personaje de quién oí contar muchas anécdotas. Tenía dos hijas y deseaba tener un hijo, y aunque hacia todo lo posible, no venía. El día que su mujer le dijo que estaba embarazada salió muy contento a contárselo a Baldomero, compañero de trabajo y amigo del alma, a quien, dándole un abrazo le dijo: hermanico ya engendré. Y nació Joselito, que fue en Madrid empresario en la construcción, con quien tomé algún vinito en la capital.  Entre las canciones del repertorio de Antilo estaba esta:: Al obrero a los diez años luego lo enseñan a trabajar, en cambio al rico lo miman para que pueda desarrollar. Y luego llegan las quintas el rico pone el dinero y al pobre le toca cargar siempre con  el mochuelo.  Tenía fama de ser de izquierdas y, por hacerle una gracia, cuando el 19 de julio del 36 vino al pueblo una escuadra de falangistas, le mandaron a uno para que se aposentara en su casa. Una   mañana le pidió para lavarse jabón de olor y Antilo, que ya estaba muy quemado con él, casi lo tira por el balcón. Su familia, muy asustada, le decía: padre no lo mate, no lo mate. No pasó nada, el falangista era amigo de los que lo enviaron a vivir a la casa y estaba avisado de cómo era Antilo. Aunque aquellos no eran tiempos para esas jugarretas.

miércoles, 7 de abril de 2021

LA CALLE CASTROPETE

Calle Catropete (FOTO de José Ramos Vaquero)


Vamos hoy a dar una vuelta por esta calle, antaño muy populosa, que daba paso al barrio de la Atalaya. En lo que yo conozco se llamó: Carretera de Zamora, Castropete, Calvo Sotelo, otra vez Castropete y ahora Avenida de Castilla y León. Parece la calle de una ciudad que en cada elección haya cambiado de partido político. A mí la denominación que más me gusta es Castropete, aunque no encuentro justificación al nombre, y la he buscado. ¿Pudiera ser una referencia a algún castro que estuviera ubicado en el alto de la Atalaya? En el término de Alcañices hay un sitio que se denomina Alto del Castro (el palomar de Porrón) al que precisamente se llega por otro pago que se llama la Calzada. Alcañices necesita urgentemente un estudio histórico y arqueológico. Los indicios arqueológicos abundan y la historia está escrita, solo hay que investigar. ¿Qué tal una dotación económica para hacerlo? 

domingo, 14 de marzo de 2021

SAN ANDRÉS, LABRADORES Y PÉREZ MARRÓN

Siempre he tenido discrepancias con el nombre de esta calle. Pensaba que San Andrés era la que va hacia el pago de ese nombre, el que está entre la Cara el Sol y la Perdida, sitio en el que se situaba la ermita homónima, una de las cinco que hubo en Alcañices, y que esta se llamaba de la Bomba. La bomba estaba detrás de las escuelas y serbia para llenar de agua el pilón donde bebía el ganado. Pero estaba equivocado. Errar es de humanos. Volviendo de la de los Pájaros, después de la de las Caipiras, está la casa que fue de Francisco Figueroa “Farruco” y de Concepción Martín, su mujer, a quien recuerdo ya viuda. La construcción constaba de vivienda y una cuadra en la que ella y su hija, Genoveva, tenían las vacas. La casa era la tradicional de labradores de la época, tenía una puerta de cuarterón en la que Concepción, siempre vestida de negro y con pañuelo a la cabeza, asomaba a veces para hilar la hebra con quien por allí pasara. La casa hacía esquina hacia el rincón en el que tenía un horno para cocer pan. La vivienda la han reconstruido Amelia Figueroa García, nieta de Concepción, y su marido. Viven en Asturias pero pasan temporadas en la Villa. Meli es una excelente pintora que, a veces, nos deleita con su arte. En el rincón además del de Concepción había otro horno que pertenecía a Encarnación “la Virgen”. Los dos eran utilizados, además de por sus dueñas, por familias vecinas y allegados. En ocasiones se utilizaban dos o más veces al día, cuestión de economía. No se gastaba la misma leña en poner al horno a punto para cocer el pan si solo se utilizaba de vez en cuando que si se utilizaba con frecuencia. Había quien tenía horno en su casa pero prefería recurrir a estos, eran más funcionales. Las usuarias “pagaban” cada vez que lo utilizaban una renta simbólica, que consistía en una torta más pequeña que las que hacían para ellas, que pesaban alrededor de tres kilos. Las cadencias en la utilización eran casi siempre las mismas y se sabía quién precedía y seguía en el uso. De la masa, antes de hacer las tortas, se reservaba un trozo, la recentadura, levadura o masa madre como se dice ahora, que se guardaba para dar al siguiente en utilizar el horno. Las mujeres eran las que realizaban estas labores y, siempre generosas, hacían riquísimas tortas de azúcar para los pequeños y bollas con chorizo y tocino para toda la familia. También en el rincón existía un espacio, murado pero sin puerta ni tejado, que los niños, sobre todo en las matanzas, usaban para jugar al escondite. Tenía muchos recovecos y al menos dos salidas, una a la calle de los Pájaros y otra, por detrás de la casa de “Cotovi”, para la Bomba. Ya, metiéndonos en la de San Andrés, tenemos la casa de la familia de Mateo Gago “Mateín” y Marina Gago, su mujer. Una casa grande, lo suficiente para albergar la gran descendencia que habían conseguido, seis mujeres y tres varones. Era de piedra vista, curvada para la salida del rincón. Una puerta de madera con postigo le daba vistas y salida a la calle san Andrés. Mateo y Marina, parientes lejanos, pertenecían a la extensa estirpe de los Gagos. Quizás el apellido que más se repetía en la localidad. Ahora viven en la casa, pero de la antigua han hecho una para cada uno, los hijos del matrimonio María, Evaristo y Domingo. A continuación hay un entrante rectangular grande donde hace setenta y más años allí tenían la vivienda las familias de Antonio “Garaito” y Herminda. Esta era conocida como “Maríapinta”, porque a un prado en el pago de ese nombre llevaba a pastar las vacas de quien le dio empleo cuando vino desde Portugal, su país. También vivían en este espacio Juan Lorenzo “el Burrallo” y su mujer Lucia Macho, y Luciano y Paulina. Antonio y Herminda se fueron pronto a vivir a la calle de la Obliga. La familia de “Burrallo” se marchó para Madrid. Tenían hijos e hijas; uno de ellos, en la escuela de don José, cuando el maestro pasando lista le nombraba, contestaba fuerte y sacando pecho ¡Macho! Cañedo, que tenía facilidad para hacer malos ripios, le dedicó a Juan estos: Me marcho para Algeciras/ por no ver a las Caipiras/ subido en un caballo / que se parece a Burrallo. Luciano Rego y Paulina Cerezal vivieron siempre en este sitio. Ella, como antes apunté en la calle de los Pájaros, era partera, trabajo que debía de hacer muy bien incluso con ella misma pues tuvo cuatro hijos y tres hijas, de los que descienden todos los Regos que, felizmente, han decidido continuar su vida en Alcañices y muchos que se ganan la vida por el ancho mundo. Luciano poseía amplios conocimientos en multitud de cosas; Tenía buena mano para todo lo concerniente a la horticultura; Le prendían bien los injertos y conocía las plantas medicinales. Incluso arreglaba pequeñas averías que algunos se hacían como esguinces, torceduras de pies o muñecas, desarreglos estomacales, etc. Era casi como un curandero. Haciendo esquina con rincón y la calle está la vivienda y el corral de la familia de Antolina Carrión y Pablo Carrión. El edificio sigue estando como cuando ellos vivían, conjugando la pizarra en los vanos de las paredes con el granito en los contrafuertes y en las jambas y dinteles. Como todos los matrimonios de la época tuvieron una amplia familia, cinco hijos y dos hijas, entre ellos Tomás, el alcalde que más tiempo ostentó el cargo en la Villa. En esta casa vivió todo el tiempo que estuvo en la aquí el ínclito don Manuel, jefe de la comisaría de policía, a quien Jesús “Pulga” bautizo como “el Tigre de Mieres”. Era viudo y tenía cuatro hijos. Las hazañas de este hombre merecerían un libro. Dos anécdotas: Antonio Cerezal tenía en el bar de la calle la Herradura una mesa de villar, entonces había muchos aficionados y había que hacer cola para jugar. Cuando llegaba “el Tigre”, lo pongo en minúscula pues era bajito, se interrumpía la partida en curso para que él jugara. Pero un buen día que estaba jugando Alonso Romero, cuando llegó “el Tigre” la partida no se paró. Este reclamó su prioridad pero Alonso no solo no se inmuto sino que puso al “Tigre” contra la pared y le dio unos achuchones. Desde ese día se acabaron los derechos. Otra: don Manuel iba a los pueblos en una moto con sidecar pilotada por un motorista, para hacer el DNI a la gente. Cuando llegaba a las localidades daba una vuelta por las calles y si aparecía un pollo, un tiro y a la fardela. Consecuencia de tener que alimentar a la familia. ¿La gente?, punto en boca. La siguiente edificación pertenecía a Santiago Gago “Santiagote”. Tenía dos viviendas y en ellas vivieron desde que contrajeron matrimonio sus hijas, Dolores e Inés, casadas respectivamente con Manuel Gago “Melujo” y Luís Gago “Mejias”. Aunque los dos llevaban el mismo apellido no tenían parentesco. Luís era de San Mamed. Los dos matrimonios disponían de casa y corrales para el ganado. Luís cantaba bien por Angelillo, sobre todo fandanguillos, le gustaba mucho el que dice: El canario de Madrid le dijo al niño Marchena, si cantas mejor que yo la copa de oro te llevas, si no me la llevo yo. Ahora en estas casas viven descendientes de esos matrimonios. La casa que sigue perteneció a Eusebio Fernández “Pichi” (le llamaban así porque en unos carnavales se vistió como el famoso chulo de la canción de Celia Gámez) y a Águeda, su mujer. Vivieron aquí hasta que se trasladaron a la calle San Francisco. No tuvieron hijos y prohijaron a Antonio Rodríguez, hijo de Domingo “el Rojo” y Jacoba cuñados de Eusebio. La vivienda, renovada, pertenece a María Vara Martín y José Rodríguez, hijo de Antonio, marido de María. El local donde ahora está un bar y la Casa Rural la Atalaya, perteneció a José Ramos “Cotovi” y a Eugenia Vaquero. Allí vivió este matrimonio y sus dos hijas y cuatro hijos. “El Sr. Cotovi” era todo un personaje. Sus padres eran carboneros y él contaba que en su juventud, época en la que en Alcañices había mucha afición a jugar dinero, cuando había ganado, al subir a la cama dejaba caer por las escaleras una moneda de “a duro”, haciendo que sonara mucho. Era como una contraseña para que no lo llamaran para hacer el carbón, ya había ganado el jornal. También le oí contar que una vez fue a la feria de Zamora a vender un burro, y que jugando a las cartas en el café Lisboa perdió el dinero que obtuvo por la venta. Que se fue a la oficina de telégrafos y puso un telegrama a sus padres en el que decía: Burro vendí dinero perdí, Cotoví Puente de Piedra, que hago. Y que su padre por el mismo medio le contestó escueto: Tírate. Evidentemente era una gracieta. Gran parte del año lo pasaba en Madrid. Cuando venía, llegaba cargado de jamones quesos y otras viandas casi desconocidas por aquí entonces, además muchos billetes verdes. Ya mayores a Eugenia y José les gustaba salir a tomar un café y estar con gente joven. Recuerdo una vez que nos invitaron al grupo a su casa y ambos representaron: Lo que le dijo el Guajiro a la guajira, parodia cubana que escenificaban con muchísimo arte. Ninguno de los que tuvimos la suerte de disfrutarlo lo hemos olvidado. Heredó la vivienda su hija Alicia quién, casada con un Muñoz, se había ido para Brasil donde residía el marido. Vendió la casa a Ángel López Rivas y a su mujer Mercedes Santiago que renovaron el edificio para poner el negoció, Casa Rural la Atalaya y bar, que regenta su hijo Angelito. Pertenecía la vivienda siguiente a una familia conocida como las Obdulias. En la casa vivía el matrimonio formado por una de las hermanas que estaba casada con Fernando Román, procedente de Alcorcillo. Convivían con una hermana de la mujer y tenían dos hijas, Carmen y Pilar. A continuación había un pajero que pertenecía a Mateo Gago, espacio donde se han hecho una vivienda Manuel Gago Gago,”Lolo”, hijo de Mateo, casado con Pilar Rivas. El edificio siguiente era de Agustín Gago “el Desorejao”, hermano de mi abuela María Gago Gago, que estaba casado con Agustina Rivas. Era un caserón grande que tenía un portal enlosado de pizarras, pulidas por el tiempo y por los pasos de los moradores. El matrimonio, agricultores acomodados para la época, tenía dos hijas, Agustina y Angelita y dos hijos, Eusebio y Manuel “Nucho”. Después se abre una calleja que, en teoría, creo que tiene salida a la parte posterior de las casas de esta calle hasta llegar al rincón donde están los hornos de los que escribí al principio de este paseo. En la esquina a la calleja había un corralón que servía de pajero y cuadra para vacas y ovejas que también pertenecía a la familia del “Desorejao”. En él, en mayo, hacían el esquileo de las ovejas. Entonces la lana valía mucho y ese día era tan importante como cuando se limpiaba en la era el cereal. Algunas veces participe en la convidada. “Nucho” de adolescente era el pastor, se fue a la mili y posteriormente desarrolló toda su vida profesional como taxista en Madrid, donde fundó una familia y se quedó a vivir. Heredó este espacio y edificó la casa que ahora hay, a la que viene con frecuencia. Circunvalando lo que fue la plaza de las Moreras están, la casa de Eusebio Gago, las viviendas que hizo Carlos Rodríguez “el Rojo”, el bar Jamaica, la discoteca, el Mesón Alistano, en el sitio que fue de mi familia y vivieron mis padres allí algún tiempo, a quienes se lo adquirió Domingo Prieto “Negrín”. El edificio del pub Zafiro y las viviendas las edificaron en un garaje de la Alistana. Cruzando la carretera de Rabanales tenemos la casa en la que habitó Florentino García y Mari. Charlando Florentino y Manuel Antonio Lorenzo Más, “Tonete” con Mari, que estaba en el balcón, acertó a pasar con las vacas de Alfonso Revuelta, el veterinario, el pastor que las cuidaba. Este tenía fama de ser un poco parado y Florentino le dijo a “Tonete”: Vamos a reírnos un poco, ya verás, y dirigiéndose al pastor, Oye ¿cómo es que cada vez que pasas andas diciéndole cosas y metiéndote con mi mujer? ¿Pero tú qué crees? El vaquero, con parsimonia, le contestó: ¿Quién, yo a ella? Ella a mi sique. Florentino, aceptando el revolcón, le comento a Tonete: Ahora sí que me jodió. Desde el cuesto, por la derecha, hasta la calleja de Rabietas todo eran corrales y pajeros que ahora son garajes. La segunda edificación es una vivienda que pertenece a Piedad García y a su marido y hacia el final, otra vivienda que pertenece a Angelita Gago y a su cónyuge. A la calleja tiene salida el Yoque y en ella pone la terraza. En la esquina con la calle que va a la plaza Pérez Marrón, vivía la familia de Familia de Félix Andrade. Félix había sido carabinero y cuando se jubiló puso un taller de carpintería. Trabajaba bien y lo hacía casi en exclusiva para Manuel Corcovado. Tenían un hijo y una hija. El hijo, cabo de carabineros destinado en Vivinera en la caseta de la Canda, era alto y fuerte. Tenía un bigote que le daba un ligero parecido a Jorge Negrete. Visitación, la hija, estaba casada con Lorenzo, conductor del Dodge, camión insignia de la Alistana. Lorenzo era alto y fuerte y, aunque aparentemente tranquilo, contribuyó a pararle los Mieres. Manolo Pérez “Mona” lo definía así: “ostia que pega tío que mata”. Retornamos a la calle Labradores para completarla y vamos desde el Hospital, del que ya hablé, hacia su principio. Después de la calleja de Peñalosa hay una cuadra que pertenecía a Florentino Romero. Al piso de arriba se accedía por una escalera exterior de piedra. Tenía una plataforma a la que llamábamos el Púlpito, que tomábamos por castillo medieval, y jugábamos a conquistarlo o defenderlo, según los casos, provistos de espadas y escudos de madera. A continuación hay un local que pertenecía a Andrés “Rabietas” en el que Domingo “el Cholero” procedente de Nuez, pariente “Ramboya”, tenía un taller dedicado exclusivamente a hacer maderos, para cholas. Las hacía de madera de negrillo y, además de para los zapateros de Aliste, las fabricaba para muchos otros clientes que tenía por varias provincias. En aquel tiempo era una industria rentable e importante. La siguiente era de Francisca “la Santa” y de Manuel Rodríguez, su marido, edificación que tenía, tiene, una bonita fachada que conjuga con acierto ladrillo y cemento. Francisca era hermana de María “la Ruana”, mi abuela. Manuel era sargento de la Guardia Civil y ella era la que atendía el ganado y trabajaba las fincas familiares. Tuvieron a Teresa, Julia, Pilar, Jesús y María. Aunque las mayores estando solteras trabajaron las tierras, casadas dejaron de hacerlo y, ni Jesús, que emigró para Ecuador, ni las hijas siguieron con los trabajos agrícolas. Las demás edificaciones de la calle por esta acera son traseras de las viviendas que das a la de San Francisco. Doblando la esquina está la zapatería y vivienda de Emilio Ferreira, herencia de su madre Salud Fagundez. Entre esta casa y la tienda que tiene la entrada por la de San Francisco, había una elevación sobre la calle que desapareció cuando bajaron su altura a la que tiene actualmente. Por la elevación se accedía a la peluquería de José Golda, en la que aprendió el oficio Juanito el “Mielgo”. Los Golda y los “Mielgo”, excepto la mujer de José Augusto “el de la Elisa”, se fueron para la Argentina. Tina, la pequeña del “Mielgo” venía los veranos con su marido. Volvemos a Labradores. En la esquina con Hospital hay un local de la familia de José Argüello “Lecherín”, de quien pasó a su hijo Jaime, siendo en la actualidad de algún heredero. Tenía en la esquina un gran poyo de cantería en el que, los días soleados del año, pasaba horas sentado Manolo “el Chivo” esperando que llegaran las horas de tocar las campanas que llamaban, con los toques correspondían, a cada uno de los actos religiosos. Viene ahora la casa en la que viven Antolín Román García y Carmina Barrigón. Antes era del abuelo de Antolín, Miguel García “el Polla”. Tenía la fachada de piedra, con jambas y un dintel que, lañado, han conservado en la remodelación. La balconada de madera, como las tradicionalmente alistanas, era irrecuperable. Miguel la usaba como cuadra donde guarecía a Ligero, caballo que utilizaba para llevar a las ferias calzado para la venta. Haciendo esquina con el ensanchamiento de la calle, está la casa que fue de la familia Carrión y que reconstruyeron Ángel Carrión y Monse Ramos, que es quien ocupa hoy la vivienda. En la esquina que hace el ensanchamiento estaba la edificación que utilizaba de cuadra y pajero Cándido Carrión. Hoy, renovada, la utiliza como casa de vacaciones su nieto José Luis Rodríguez Carrión, con su esposa Viky y los hijos de ambos. A continuación hay dos corralones seguidos de lo que fue el horno de Jacoba Fernández. Este horno también era utilizado como los que he descrito anteriormente. En él hacía mi abuela María el pan aunque tenía horno en su casa, pero es que en este se gastaba menos leña para calentarlo. ¡Cuántas veces fui el encargado de ir a buscar la recentadura a casa del anterior usuario del horno! Claro que la recompensa lo merecía. ¡Que rica la torta de azúcar! La edificación era de piedra con una balconada de cantería y madera y un magnifico dintel de cantería en la puerta, que tenía cincelada una cruz con base y la cifra 1784 ¿el año de construcción? El 7 parecía un 1 por lo que algunos transcribieron como 1184 y atribuían a los Templarios. Utilizaban un compartimento para almacén de las pieles que compraban por los pueblos. Paco “Ladronón”, en connivencia con Cirilo Pérez, cogían pieles del almacén y Cirilo se las revendía a Domingo, padre de Paco. La última vez, ¡a ver quien repetía!, que intentaron la jugada Domingo descubrió la procedencia de las pieles y le propino unas “lambadas” a Cirilo. Cuando a este le salió Paco al encuentro para repartir el dinero de la venta, Cirilo le dijo: vete a cobrar lo tuyo que yo ya llevo lo mío puesto. Adosada al horno, Domingo Rodríguez “el Rojo”, Jacoba y los nueve hijos del matrimonio tenían la vivienda y el taller de zapatería en el que trabajaban los seis varones. Todos eran muy dados a gastar bromas a los clientes como: decirles que metieran los pies en el balde donde ablandaban la suela para tomarles medida, o ponerles chinchetas en las sillas donde se sentaban y otras de ese nivel. Lo que hacían, y muy bien, era silbar las canciones que más habían escuchado en las fiestas. El ritmo lo llevaban con el martillo, por lo que lo más más adecuado era silbar pasodobles. Los boleros y los tangos no eran lo indicado para modelar la suela. El que mejor lo hacía era Paco. La vivienda contigua pertenecía a Mateo Prieto, funcionario de prisiones en Madrid, hermano de Manolo, abogado de prestigio, de Gonzalo, policía y de Elvira, soltera de nacimiento. Mateo cuando se jubiló vino para la Villa y vivió en esta casa. También en ella vivieron Eusebio Gago y Consuelo Carrión, su mujer. En la casa baja que había a continuación, donde ahora hay una casa de pisos que hizo Manolo Bermúdez “Rebujas” estaba la tienda y el taller de Gerardo el hojalatero, donde hacia y vendía todo los candiles, faroles, regadores, y todo lo que era factible de hacer en hojalata. Era una gozada entrar allí y ver colgadas en las paredes y amontonadas por doquier las existencias. Aquella artesanía valdría un dineral. A Gerardo la llamaban “Pirata”, cosa que le sentaba muy mal. Un día Peñalosa le dijo a un viajante que fuera a la tienda y le dijera que se le había estropeado el pirata del coche. Menos mal que lo que estaba haciendo Gerardo en ese momento era un candil, que si está trabajando en algo pesado tiene todavía abierta la cicatriz. En el retranque de la calle y fachada para de san Andrés está la casa de Andrés Gago, “Rabietas”. En la que vivió la familia que formó su hijo Domingo, quien, además de todos los bienes, era hijo único, heredó el apodo. Donde ahora hay una casa de pisos que tiene en los bajos al BBVA, propiedad de Domingo Rodríguez y de Alfonsa, estaba la vivienda de Manuel Muñoz y de Sarito Sánchez que compartían con sus hijos Luisa, Sarito, Maribel y Antonio. Muñoz era el tratante de ganado más importante de Aliste. Tenía matadero propio en la calle de los Labradores y surtía de la excelente carne de las terneras de raza alistana a los mejores hoteles y restaurantes de Madrid. En la Era, donde la sierra de Tomás “Chepita”, tenía una cuadra donde metía los toros de remonta que a su tiempo, cuando los distintos dueños consideraban que debían retirar, había comprado. Para que los toros convivieran sin problemas era necesario establecer una jerarquía, que se solventaba en una pelea. La contienda se hacía en la Era y la gente acudía masivamente a verla. Una vez acabadas las peleas, había varias en función del número de toros, el vencedor era el jefe y los demás acataban el rango. Algo parecido a las peleas de touros que hacen en Portugal, pero peleándose por el rango, de verdad, no para dar espectáculo. Ya mayor, Muñoz se fue para Brasil, creo que a Sâo Paulo, donde tenía un hermano, con toda su familia. Haciendo esquina con la plaza de Pérez Marrón está la casa que fue del Sr. Esteban “Grisuela” también conocido como el de la “Alistana”. Esos apodos venían: uno por el lugar de nacimiento y el otro por ser socio fundador de la empresa de transportes de ese nombre. En el bajo de la casa vivía el Sr. Honorio, portugués empleado en la empresa que proporcionaba la energía eléctrica a varios pueblos de Aliste, y Consuelo Miguez, “la Churufa”, su mujer. En el piso de arriba vivió Manolo Gómez, sayagués de Bermillo, que fue taxista y posteriormente socio de Florentino García en un negocio de vinos y licores. La mujer de Manolo fue senadora por UCD, pero para entonces ya habían cambiado el lugar de residencia. Fernando Bartolomé y Mary vivieron algún tiempo en la casa. El edificio lo adquirió Argimiro, sobrino como Mary del Sr. Esteban, también procedente de Grisuela, y se estableció en la Villa de taxista. A continuación, donde vive Soledad Gago y está el Yoke, había una cuadra que pertenecía a Manuel Muñoz, en la que, reformada adecuadamente, pusieron un taller de costura que dirigían Sarito y Maribel. Era el tiempo en que estaba de moda entre las chicas vestir los famosos cancanes y las del taller estrenaban los que ellas confeccionaban el Domingo de Ramos. Estaban guapísimas. Inmediatamente después, en el lugar donde está la carnicería y la vivienda de Fidel Fernández, estaba el garaje de la Ford y el taller mecánico, fragua y forja para recomponer las piezas de los camiones de la empresa la Alistana. La Ford era una camioneta, si no la primera que hubo en Aliste, si una de las primeras. Era todo terreno, lo mismo sacaba chopos de sitios inaccesibles, que llevaba los costales de grano desde la era a la panera. Era viejísima y funcionaba gracias a los cuidados que le daban Ramón Martín “Carnero” y Esteban “Grisuela”, quienes eran capaces de rehacer cualquier pieza que se hubiera roto o estropeado. Ramón y Esteban pasaban riñendo todo el tiempo, Esteban le llamaba a Ramón “Ovejo”, entre otras lindezas. y Ramón le decía a Esteban que se fuera para fuente Fidionda, que era el sitio que le correspondía. Llevaban mucho tiempo juntos y, como un matrimonio bien avenido, eran inseparables. La construcción emblemática de la plaza son las escuelas, magnífico edificio construido en 1905, que está perfectas condiciones, las mismas que cuando lo hicieron. En mis tiempos de colegial tenía tres aulas y vivienda para un maestro. Un aula, la central y más pequeña, para niños de 6 a 8 años, a la izquierda otra para los 60 o más alumnos de 9 a 11 y a la derecha la tercera para todos los mayores que hubiera de hasta 14 años, tiempo en que acababa la escolaridad “obligatoria”. Los maestros de aquel tiempo eran Don Eladio, Don Federico y Don José, que disfrutaban de una autoridad incontestable. Había clases de 10 a 13 y de 15 a 17, excepto la tarde del jueves, seis días a la semana. Los alumnos eran los encargados de la limpieza del aula, a lo que dedicaban la tarde del sábado. Uno de los maestros más recordado con cariño y respeto por sus alumnos, era don Emeterio Cabrera. Represaliado en 1936 por cumplir la ley, con suspensión de empleo y sueldo y multa de 10.000 pts. a quien, paradójicamente, por ese tiempo le falleció un hijo en un hospital de San Sebastián, soldado del alzamiento, herido de bala en el frente de Navarra, con fama de santidad como acredita una carta del obispo de esa localidad dirigida a don Emeterio. Lo que okupa ahora Telefónica y Medio Ambiente formaba, con lo poco que queda libre, la Plaza de las Moreras. Tenía 12 o 15 árboles de morera en los que aprendimos a trepar todos los niños y era donde se jugaba en los recreos. ¡Qué espacio perdimos! Menos mal a “Crispilandia”. En la plaza de las Moreras, en la casa que es de Martín Peña, vivía Doña Valentina Elvira, Maestra Nacional y David García su marido, a quienes recuerdo mayores, tomando el sol en frente de la casa, sentados en sillones de mimbre. La vivienda anterior era la de Tomás Casas “el Serreño” con su familia. Una de las hijas del matrimonio, Mercedes, única descendiente que quedó en Alcañices, está en la residencia Virgen de la Salud. Lo que ahora es la cafetería la Toscana era propiedad de Tomás España y durante mucho tiempo fue el cuartel de la Guardia Civil. Alcañices era comandancia de ese cuerpo y había capitán, teniente, brigadas, sargentos, cabos y guardias. Algunos vivían en el cuartel pero la gran mayoría, como evidencian estos escritos, vivían repartidos por casas de la localidad. El cuartel era de una sola planta y no reunía las mejores condiciones de habitabilidad. Tenía oficinas y alguna dependencia para los detenidos. Los vecinos de las casa aledañas contaban que a veces oían voces, y no precisamente de gozo, de los retenidos en sus dependencias. Miguel Rostán, en Aliste al Trasluz, escribe un relato que cuenta lo que algunas veces pasaba en ese sitio. ¡Si las paredes hablaran! En plena curva del Convento, el edificio siguiente era de Manuel Corcovado. Constaba de una vivienda que ocupó algún tiempo la familia formada por Manuel Martínez y Transito García con sus hijos Rufo, Manuel, Miguel y Gonzalo. Después vivió allí el Sr. Manolo García, el de la Alistana, Fernanda, su mujer y los hijos de Manolo: Florentino, Cesar, Antonio y Manolo. Todos estaban empleados en la Alistana, el padre era socio de la empresa y los hijos conductores de los camiones. Seguidamente había unos locales grandes que servían como oficinas y garajes. En un local aledaño hubo durante mucho tiempo un coche que perteneció a un hijo de Corcovado que había muerto en accidente de caza. El coche permaneció, sin que nadie lo usara, hasta que Corcovado falleció. Los herederos lo vendieron a un coleccionista. Enfrente, adosados al ábside de la iglesia, había varias construcciones una, vivienda de Mariano Osaba, y las demás garajes y almacenes. En uno de estos estaba el negocio de vinos, cervezas y licores espirituosos de Florentino García y Manolo Gómez que distribuían por medio Aliste. El negocio fue traspasado a los hermanos Martín Barros. Y la pandemia continúa.

martes, 16 de febrero de 2021

El Cuesto, Los Pájaros y La Bomba

Vista de El Cuesto desde el comienzo de la calle de San Andrés



Empezamos hoy de paseo por la plaza del Cuesto, sitio en el que nos iniciábamos en los juegos de calle -los juegos siempre eran en la calle- los niños de Labradores y de las calles que recorreremos hoy. 


Como el espacio no estaba cementado, jugábamos a los juegos en los que la tierra era imprescindible para ello. Por ejemplo: las Islas, pequeños círculos entrelazados, con variadas dificultades (piedras, peña, etc.) en los que se iba clavando un pincho de hierro intentando no errar hasta llegar a la última. Si el clavo no quedaba hincado, vuelta a empezar. El Círculo, que consistía en una circunferencia trazada en el suelo, que se dividía en dos semicírculos, uno para cada jugador. Desde  tu parte clavabas tu pincho en la del adversario y con el pincho trazabas una raya, siempre sin mover los pies ni levantar el clavo, y esa parte marcada pasaba a ser tuya. Así, hasta que toda la superficie del círculo pertenecía a uno de los contendientes. El Quirio, trozo de madera dura como de 12 ó 14 centímetros, con punta en los extremos, al que desde un círculo, a golpe de una paleta de madera se alejaba lo máximo posible, ya que el  adversario pretendía introducir en el círculo tirando desde el sitio donde había caído. Si lo lograba, pasaba a posicionarse dentro y el de dentro se iba fuera. Al que defendía el círculo para que el quirio no entrara, no se le permitía utilizar el cuerpo, solo la paleta. En ese espacio pasábamos el tiempo con todos los juegos, socializantes como diríamos ahora, que no detallo, pues harían muy largo este relato. Así que, a caminar.


miércoles, 27 de enero de 2021

De vuelta por la calle de La Herradura

Vista actual de la calle de La Herradura desde la esquina del ayuntamiento.

Como  hemos descansado desde el anterior  paseo por esta calle, bajamos la cuesta para iniciarlo donde lo dejamos el otro día, así que iniciamos la subida hacia la plaza.

En la margen izquierda del río (como estamos en España no se llama Angueira) empieza el Prado del Marqués, que acababa bastante más arriba de donde lo hace, pues han construido sus casas Narciso Baladrón y María, y la de Pedro y Sagrario. El prado se lo compró Crispín al Marqués y se lo vendió a María y Narciso, aunque antes se había segregado la parte donde se edificó la casa de Pedro y Sagrario. Esta casa la construyó Francisco González Gil, guarda forestal, en el terreno que, según tengo entendido, le cedió el actual marqués Juan M. Osorio, en agradecimiento por algún servicio que Gil le había prestado.

María y Narciso hicieron la casa que ocupan en la actualidad y están en posesión del prado. Antes  del ensanchamiento de la carretera y de la remodelación de los puentes, al empezar la curva había un huerto que, como era de Obras Públicas, lo cultivaba el Sr. Martín Gago, capataz de los camineros de la zona.

    Cuando este espacio era solo prado, lo tenía en arrendamiento el Sr. Julián “Julianico” y para allí llevaba las vacas a pastar. Acompañando a las vacas había un carnero, con cuernos grandes y retorcidos, que testaba en cuanto se le citaba. Ni que decir tiene que para los chavales aquello era un reto divertido. Cuantas veces Julianico o la Srª Elvira nos corrían vara  en mano. 


domingo, 17 de enero de 2021

Calle de la Herradura

Continuamos  los paseos por las calles de la Villa, protegidos con la mascarilla y guardando las distancias. Hoy lo hacemos por la calle de Braganza o Cuesta de la Herradura que por estos dos nombres se la conoce. En este paseo me acompaña Ángel Cerezal, nacido y criado en ella, por lo que tiene un conocimiento de las cosas, la gente y aquí  acontecido  desde los años cincuenta  del S. XX. Como yo, creció en un bar, circunstancia que le permitió conocer, relacionarse,  tratar a gente y  oír hablar de sucesos y personas que algunos desconocen totalmente.


En la acera de los números pares -por la que empezamos el recorrido- los edificios, desde la plaza hasta la primera calleja, no tienen nada que ver con los que había en la época de la que este paseo trata. Todos están reedificados y no siempre para bien.


Echamos a andar por la cuesta abajo, y como el primer edificio  lo incluí en el paseo por la calle del Hospital, nada más añadiré a lo que dije de él cuando hice el paseo por allí; aunque tenía el acceso principal por esta calle por una hermosa puerta de postigo a un portal  que daba al taller de la zapatería, negocio de la familia, al que daba un balconcillo en el bajo.

lunes, 4 de enero de 2021

Dentro la villa

Tiene este nombre porque fue el recinto amurallado donde nació la localidad medieval en la que se transformó el castro original que albergó a los zoelas más meridionales, primeros pobladores históricos que hubo en la villa, que se asentaron en el lugar que antes habitaron pueblos prehistóricos. Durante la edad moderna este recinto se quedó pequeño y la población se extendió por lo que entonces denominaban el arrabal: Plaza, Herradura, san Francisco, Castropete, Hospital, Labradores, etc. hasta conformar el Alcañices que hoy existe. 

Alcañiças, que así se llamó durante mucho tiempo la villa, fue visitado por reyes. P. e. Alfonso IX acompañado de su hijo Fernando, quien sería conocido como el Santo, en Agosto de MCCXII. Y aquí, durante todo el mes de setiembre de MCCXCVII, residieron: Fernando IV rey de Castilla, su madre Doña María de Molina, reina regente, y los reyes de Portugal Don Dinis y su esposa Isabel de Aragón con toda la nobleza portuguesa y castellana, así como todos los obispos de ambos reinos. Esta reunión acordó el tratado de fronteras entre ambos países conocido como Tratado de Alcañices. Mucha gente y de alta alcurnia, lo que demuestra que Alcañices era una población importante y con capacidad de hospedaje para que aquí se pudiera albergar tantos y durante tanto tiempo. 

miércoles, 13 de mayo de 2020

Por la Calle de San Francisco, con Jesús Barros. (Final del recorrido)

Calle de San Francisco con el cubo del reloj al fondo durante los años 20 del pasado siglo. 


Si hay algo que justifique este relato es precisamente que recuerda lo sucedido entre las fotos que lo acompañan. Una corresponde a los años 20 del pasado siglo y otra a la realidad. La primera es esperanzadora, transmite sensación  de que se avanza,  la segunda muestra el estado en que se encuentra actualmente esta calle. Ojalá signifique que para levantar primero hay que caer. Soy pesimista.

En el número dos de la calle estaba la casa de Luis España. Tenía la fachada de granito y una reja de forja salvaguardando la ventana. A esa ventana   subíamos para protegernos de las vacas, cuando los encierros en san Roque se hacían por esta calle. Debía de ser muy fuerte y estar muy bien sujeta a la pared, aguantaba a muchos. En los primeros años de la década de los cincuenta dieron la orden de encalar las fachadas. ¡Blanquearon hasta la del convento! Luis España se plantó, dijo no, y la casa siguió luciendo sus piedras. Se decía que Luis, abogado aún que no ejercía, era “raro”, desconfiado, de difícil trato y tacaño. Cuando la comisión para fiestas que menciono en el otro lado de la calle, unos cuantos fuimos a pedirle colaboración económica. Llamamos, abrió la puerta y  mandó que pasáramos al despacho que tenía a la izquierda del portal. Sentados, nos echó una filípica anti taurina y cuando, con la cabeza baja, nos levantamos para salir, dijo: - Esperad. Abrió la caja y puso en nuestras manos un billete de mil pesetas. Todos salimos con los ojos a cuadros.

sábado, 2 de mayo de 2020

Por la calle de San Francisco

Comienzo de la Calle de San Francisco desde la Plaza Mayor. (FOTOGRAFÍA: Daniel Ferreira)



San Francisco supongo que es el nombre que lleva la calle desde la construcción de la iglesia y del convento de franciscanos que a mediados del S. XVI Francisco Enríquez de Almansa erigió en su honor. Yo tengo la teoría de que la hizo para salvar a su hija Ana que, acusada de hereje, no sufrió condena en el auto de Fe de Valladolid (Ver el Hereje de Miguel Delibes). 

La calle dejó de llamarse así en la época de Franco y pasó a ser General Mola, aunque solo en la teoría. Los de Alcañices siempre la llamamos San Francisco. El cambio del nombre de las calles siempre ha pasado afortunadamente desapercibido, para la gente carecía de importancia. No somos mirados en eso, bueno, ni en nada. A la circunvalación me remito.