En el libro Capa y Espada de Fernando Fernán Gómez me encontré con estos versos
La carne la, sangre y sudor
se llevan las provisiones
quedos están los millones
y Olivares, gran señor,
Alcañices cazador,
Carpio en la cámara está,
Monterrey es grande ya,
don Baltasar presidente…
Las mujeres de esta gente
nos gobiernan … ¡Bueno va!
Esta es una coplilla que, en los primeros años del reinado de Felipe IV, recita Juan de Tassis, en una casa de conversación, mentidero, para un grupo de amigos. Y continua el relato: No solo ríen Góngora y don Juan, sino todos los amigos que los acompañan. Algunos, o alguno, no debe, de ser tan amigo, pues esa misma noche Olivares, tras haberlo leído, estruja el papel entre sus manos.
Ríe, conde, pero deprisa. Y sigue confiando en tus burlas que antes de lo que pienses traerán el llanto a ti y a la francesa.
(La francesa era Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV)
Al leer Alcañices, aunque es evidente que aquí se refiere al marqués, me picó la curiosidad y decidí averiguar cuál era la razón de la mención al de villa y de los otros nombres en los versos.
El recitador, Juan de Tassis y Peralta, conde de Villamediana, escritor, poeta y compositor de comedias, era un don Juan, un conquistador. Se cree que fue el que inspiró a José Zorrilla para crear el personaje del Tenorio. A su muerte, el dramaturgo Antonio Hurtado de Mendoza escribió: Ya sabéis que era Don Juan / dado al juego y los placeres; / amábanle las mujeres / por discreto y por galán. / Valiente como Roldán /y más mordaz que valiente… / más pulido que Medoro / y en el vestir sin segundo, /causaban asombro al mundo / sus trajes bordados de oro/ Muy diestro en rejonear, / muy amigo de reñir, / muy ganoso de servir, / muy desprendido en el dar./ tal fama llegó a alcanzar / en toda la Corte entera / que no hubo dentro ni fuera / grande que le contrastara, / mujer que no le adorara, / ni hombre que no le temiera.
Villamediana tampoco hacia ascos a los efebos. Pertenecía al selecto circulo privado los del Mañana, grupo que se reunía y hacía fiestas, a las que no invitaban a señoras, en la Quinta del Jaral, finca situada entre los montes del Pardo y Aravaca. En una de esas fiestas, durante un baile, le birló un joven a otro concurrente cosa que fue causa de un duelo y que pudo ser también la razón de su asesinato, aunque es más probable que el atentado que le causó la muerte fuera ordenado desde altas instancias. De él se decía que en amores femeninos picaba bien, pero picaba alto. O sea, que una de sus amantes era Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, aunque también se decía que sus amores con las mujeres solo eran amores platónicos y que estas se dejaban querer solo para presumir. Ir del brazo del de Tassis daba categoría.
El primer personaje nombrado es Olivares, a quien en el verso llaman Gran señor. Este gran señor era, nada más ni nada menos que Gaspar de Jovellanos, conde duque de Olivares. La persona en aquel momento más poderosa de la península Ibérica, a quien Felipe IV le había concedido el título de Grande de España. Estaba casado con Inés de Zúñiga y Velasco, hija del conde de Monterrey, Dama principal de la reina y Camarera mayor de palacio entre otras muchas cosas, a quien don Benito Pérez Galdós “retrató” en la novela Doña Perfecta.
El siguiente en aparecer es Alcañices, marqués de nuestra villa (entonces a quienes tenían título nobiliario se les conocía más por el título que por su nombre), que en esta ocasión el que lo ostentaba era Álvaro Enríquez de Almansa, VII del título, a quien Felipe IV le había concedido La Grandeza de España. Estaba casado con Inés de Guzmán Pimentel, hermana del conde duque, quien pertenecía al grupo más íntimo de Damas de la reina.
En los versos lo definen como cazador y la razón es la siguiente: Álvaro era Montero mayor y a la muerte del poseedor del título de Cazador mayor del reino, el rey nombra a Alcañices como tal. El cargo era una sinecura que tenía la asignación de 750.000 maravedíes anuales, suma de dinero enorme para la época, que el siguiente en el cargo no disfrutó desde el nombramiento; hubo de esperar al fallecimiento de Inés de Guzmán, viuda de nuestro marqués.
El sexto verso dice: Carpio en la cámara está y se refieren a Diego Méndez de Haro, marqués del Carpio, que había sido nombrado Grande de España por el rey. Era ahijado del marqués de Alcañices y, curiosamente, testigo del asesinato de Juan de Tassis, a quien acompañaba en el coche en el que lo apuñalaron cuando se marchaba al destierro. Era miembro del Consejo de Estado y estaba casado con Francisca de Guzmán Pimentel, hermana del conde duque.
El siguiente verso habla de Monterrey, quien no era otro que Manuel de Acevedo y Zúñiga, conde de ese título, a quien Felipe había nombrado -¿a que no lo adivinan?- Grande de España. Era miembro del Consejo de Estado y estaba casado con Leonor María de Guzmán Pimentel quien, como no -¡Ah!, que ya lo saben- también era hermana de Olivares.
El último en aparecer en la coplilla, la abre y la cierra, es, con el don por delante, Baltasar. El conde de Olivares, duque de Sanlúcar la Mayor, duque de Medina de las Torres, conde de Aznarcóllar, príncipe de Aracena, valido de Felipe IV .......y factotùm de las Españas. A quien Velázquez pintó, en un grande y gran cuadro, montado en un caballo que parece de cartón y muy lejos de la batalla que se ve al fondo, ya que, según las malas lenguas, le hacían daño al oído los tiros. Vamos que era un cobardica. Que mala leche tenía el sevillano.
Y los últimos versos dicen: y las mujeres de esta gente/ nos gobiernan…. Bueno va.
Lo que le da ilación y justificación a los que citan, es que Felipe IV nombró a todos Grandes de España, bueno, Felipe IV no, el de Olivares, excelente admirador de Nepote, a quien todos estaban emparentados.
Yo pienso que las mujeres, los maridos y todos los que se relacionaban con Olivares se aprovechaban, y muy bien, de la situación. Felipe IV ni gobernaba ni mandaba. El que lo hacía era el de Olivares que para eso llevaba los nombres de tres reyes: Melchor, Gaspar y Baltasar.
Y todo esto porque un verso decía ALCAÑICES; si pone y comarca les soluciono la tarde.
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