domingo, 5 de abril de 2020

Continuación del paseo por la calle Labradores de Alcañices.

FOTOGRAFÍAS: Daniel Ferreira

Estas descripciones las hago en la distancia basadas en los recuerdos y vivencias que tengo de la niñez. Del relato del paseo anterior he corregido algunos errores que son  la consecuencia de fiarme de mi vieja memoria. Seguro que en este también los hay, si algún lector los detecta le ruego que me los señale  para corregirlos, lo agradecería. El relato unas veces está   en pasado y otras en presente, es una mezcla de los dos tiempos. Me siento  acompañado por los casi quinientos lectores que  están haciendo estos días el recorrido conmigo por eso a veces utilizo el plural.

Continuamos el paseo por la calle los Labradores.



Habíamos llegado  el día anterior  hasta, no sé si llamarla calleja, es amplia, pero así se llamó siempre aunque no es paso a  sitio alguno, es como una ampliación de la calle, en  la vivían: Isidoro Ramos, Alejandro el churrero y  Clemente el hojalatero.
 Salimos por donde entramos y  continuamos con nuestro paseo. Doblamos   hacia  la derecha para seguir el recorrido y lo primero que nos encontramos   es una casa de nueva construcción que está sin habitar. En mi recuerdo hay un corral que pertenecía a Mario Machado. La siguiente también es “relativamente” nueva, pero en el tiempo del que tratamos era una casa típica de labrador alistano; en el bajo  la cocina, un corral para carro y aperos y al fondo la cuadra para vacas, caballerías, cerdos y gallinas. Encima, sobre un sobrado, las habitaciones. El propietario era Felipe Rivas “Zapirón” que vivía con su mujer y un hijo. Era Hermano del Fraile, de Angelita, mujer del Churrero y   de Aniceta, esposa de Sisenando. Felipe  se quedó viudo y emigró para Pamplona, donde contrajo segundas nupcias. Una vez jubilado pasaba largas temporadas en Alcañices. La vivienda ahora pertenece a su hijo.

Lindante a la anterior está la de Francisco Gallego “Boliche” en la que vivía con Agustina, su mujer, e hijos. No era una de las familias  más numerosas para lo que había entonces, creo que eran tres chicas y dos chicos y lo normal era que los matrimonios tuvieran siete y más hijos. El más popular de ellos era Paco, fue a buscarse la vida por otros lugares y en  un desgraciado accidente de trabajo perdió gran parte de la visión. Jubilado con incapacidad total,  volvió para la Villa y empatizó  con todos. Aunque quizás la más conocida sea Tina, que, casada con Angelito Cerezal, estuvo muchos años con su marido al frente del muy, muy, muy añorado  bar Central de la Plaza. La vivienda actualmente la ocupa Selaida, hija de Francisco con su marido Emilio “el Estrellao” que es así apodado por un angioma con forma de estrella que luce en la frente.

La casa de “Boliche” hace esquina con la calle del Aire, o de los Aires, una  de las que desde  los Labradores da salida hacia la Cortinona. Inmediatamente a la derecha estaba un caserón grande que  fue levantado sobre el promontorio que formaba una peña, circunstancia por la que para poder acceder a la vivienda era necesario subir  cuatro escalones.  En ella vivía la familia que había formado Casimíro García. El matrimonio tenía dos hijas y un hijo. La casa creo que era propiedad de María “La Sausada” que la había heredado de sus padres. Esta mujer  se fue para Manganeses de la Lampreana, vendió la casa y no volvió al pueblo.

Cierra  y cerraba la calleja, aunque no la salida para la Cortinona, una pequeña casa en la que vivían la Nieves y José, este,  portugués de origen,  tenía un carácter agradable, gran fortaleza física y era un gran trabajador.  Trabajaba en la madera cortándola en el monte, aserrándola en la serradora y arrancando piedra en las canteras que había en los alrededores de la Villa cuando el trabajo en la madera decaía. La Nieves, que se empleaba en las casas de la localidad, era muy popular. Cuando se representaban los Reyes el seis de enero, hacía de madre de los inocentes. La  casa fue posteriormente compartida con  Manolo Pérez “Mona,  Marcelina, su mujer, y sus hijos. Manolo era en las fiestas de San Roque el empresario. Creo  que ahora  es propiedad de la viuda de uno de sus hijos.

Perpendicular a la casa de la Nieves y de José había un corralón grande y seguidamente el domicilio de la familia de Agustín Carrión “el Calzas”.  Tenía Agustín   en sustitución de la pierna derecha una prótesis de  palo muy bien redondeado que terminaba en un remate de goma para una buena adherencia y evitar resbalones. Llevaba siempre un caminar ligero que demostraba una buena adaptación a la  prótesis. Alfayate  especializado en  ropa de pana, vestimenta habitual de todos los labradores  y de todos era  su sastre de cabecera. El taller estaba a mano izquierda según se entraba en la casa que  tenía al fondo el domicilio familiar. La vivienda  ahora  es el domicilio de una hija del Sr. Agustín.

Doblamos la esquina y salimos a la de los Labradores donde ya empieza la cuesta. Inmediatamente a la derecha está la casa que fue de Antonio Ratón  “el Mocho” y su familia.  Antonio no llevaba a mal el apodo, pero  cuando alguien se pasaba, con algo de sorna le soltaba “Es mejor  ser mocho que cornudo”. Procedía de Vivinera donde conservaba alguna propiedad. Algunas   veces  ejercía, nombrado por el ayuntamiento de Alcañices, de  guarda  de valles y montes y como veedor del agua de la Ganada.  Experto  cazador, jamás marraba el tiro, sobre todo de conejos y de liebres. Perdices no, que eran más difíciles de cazar. Él estaba especializado en pelo  y los cartuchos costaban mucho, aunque el recargaba las carcasas. Las piezas cobradas las vendía su mujer por el pueblo y lo que conseguía no venía mal para la manutención de la familia. La casa tenía una entrada de carro que daba acceso a un corral,  ahora, remodelada, es la vivienda habitual de un nieto.

Bajando la cuesta  nos encontrábamos con  un corral y dos casas pequeñas levantadas sobre un promontorio de peña que hacía que estuvieran casi un metro elevadas sobre la calle. La primera estaba deshabitada y en la segunda vivía el Sr. Manuel “El Abuelo” con Ambrosia, su esposa. Manuel era zapatero remendón y también hacía botas y cholas que luego se vendían en la de tienda el Sr. Eusebio Fernández “Pichi”. Desde la muerte del matrimonio la casa está deshabitada. En la actualidad creo, o solo supongo, que pertenece a los herederos de Ángel Lorenzo “Anchil”.

A continuación había un saliente de piedra, a modo de cubo de muralla, en el que existía un horno de pan que formaba parte de la casa donde vivía la  familia de Ramón Pérez “Carnero”, herrero y un magnifico mecánico. Trabajaba como tal para la Alistana en el garaje de la Ford,  donde hoy está la carnicería de Fidel, siempre en compañía del Sr. Esteban (gran personaje del que había muchas historias) socio propietario de la empresa. Los dos se llevaban muy bien aunque constantemente estaban riñendo, se llamaban: desde ovejo hasta animal, pasando por toda la gama de ese tipo de insultos cariñosos. Pero la sangre nunca llegaba al rio. El saliente del horno desapareció cuando remodelaron la calle y  arreglaron la casa. Allí vive ahora una hija de Ramón.

En la casa consecutiva vivía el Sr. Acacio Chasco, ya muy mayor, carpintero y tallista de madera,  autor de  un Cristo que procesionaba en la Semana Santa  hasta que  fue sustituido por el  articulado que hay ahora.  No  sé muy bien si fue Antonio Calvo quien lo regaló. Esa talla de Acacio se contaba que la llevaron para la localidad aneja de Vivinera. En la casa también vivían José Chasco “Cachete” su mujer y la descendencia. José era zapatero y elabora botas y cholas para la zapatería de Eusebio, establecimiento que en la calle San Francisco se anunciaba con una enorme bota en su fachada. José era muy conocido, pertenecía al grupo de los míticos actores que hacían la representación del Auto Sacramental de los Reyes. Siempre  encarnaba  a Herodes y hizo famoso al personaje, además de por el parlamento, por la patada que daba  sobre la tarima del balcón del ayuntamiento, lo que demostraba como se introducía  en la personalidad del Tetrarca. Hace poco me llegó por Facebook un saludo de su hijo Acacio pero no consigo comunicar con él. En esa casa hace pocos años vivió una familia de rumanos. Tenían  niños pequeños que jugaban en  la  calle, saludaban a quienes pasábamos por allí y algunas veces  tiraban la pelota  a los viandantes para que la devolvieran y jugar con ellos. ¡Que alegría daban!  Se fueron para Asturias y ahora no hay un solo niño en toda la calle. Cuanta  tristeza y que pena.

En la esquina de esta casa nace una calle que da salida hacia la Cortinona. Nunca en ella ha habido domicilio alguno y no estoy seguro de si tiene alguna puerta que abra  un corral.

Seguimos el recorrido por la calle y nos encontramos una casa  con un espacio exterior, a manera de gran porche, en el que se reunían los vecinos a la solana cuando los trabajos lo permitían. En   la casa  vivía la familia de Manolo Castaño “Juanito”  y su familia. Manolo padecía una cojera de la pierna derecha  que le hacía   inclinase mucho al andar y necesitaba apoyarse en una cayada, pero  no impedía que anduviera rápido. Labrador, como muchos de los que vivían en la calle, no tenía problemas, o los superaba, para realizar las labores.  El matrimonio tenía una hija, Sara, que emigró muy joven para Francia y tres hijos: Daniel, Santiago y Miguel. El primero era el menos comunicativo de todos. Santiago tenía habilidades circenses, daba volteretas que no estaban al alcance de cualquiera. Miguel quiso ser torero, lo intentó por las plazas de los pueblos de los alrededores de Madrid y Toledo. Lo apoderaba  Agustín Rodríguez, “Tino Lero”. Los hijos eran rubios con los ojos azules cosa que me lleva a suponer que algún ascendiente de la familia procedía de Alcorcillo, donde mucha de su gente tiene esa característica que denota una procedencia celta.

 Luego teníamos el matadero de Manuel Muñoz, construcción que debió hacerse en el primer cuarto del S.  XX.  Estaba bien acondicionado  y cumplía  las medidas higiénicas exigidas en la época. Tenía  una meseta en la que  sacrificaban a las terneras que inmediatamente eran transportadas hacia Madrid y distribuidas en los mejores hoteles y restaurantes de la Villa y Corte, donde eran muy demandadas. Manuel, tratante de ganado,  nos obsequiaba algunas veces con  peleas de toros en la era. Cuando compraba unos cuantos, para la convivencia entre ellos, era necesario establecer una jerarquía, buscar un líder, lo que conseguía enfrentándolos en una pelea que demostrara quien era el líder al que  los demás  se sometían.   En tiempos de hambruna, consta en actas del ayuntamiento, mollejas, callos y casquería en general, eran ofrecidos a los necesitados de la localidad. Muñoz con su familia emigró para Brasil allí quedó para siempre. Sus hijos siguen en ese país. Cuando se fue, el local lo adquirió Tomás “el Religioso”, y lo heredo su hijo Ángel que lo transformó en vivienda y en  él vivió junto a su familia hasta que construyó una  en la calle de los Pájaros,  donde continúa una hija.

Adosada al matadero esta casa que fue de José Vaquero, “el Sr. Gamero” y la Srª Lucia, matrimonio a quien ya conocí siendo ya mayores.  Tenían una hija, Eugenia, que estaba casada con José Ramos “Cotoví”. El Sr. “Gamero” poseía una hermosa finca en las Hurrietas a la que cuidaba con mimo. Además  de los productos normales cultivaba unas flores preciosas en las que libaban  cuatro o cinco colmenas que le producían una miel exquisita. Esta finca ahora es propiedad de los herederos de Manolo y María, del bar de ese nombre. La casa pertenece a Jesús Ramos Vaquero y a Lola que viven  en Amer (Gerona), el pueblo de Puigdemón, Jesús, que no es nada separatista y sí forofo del Madrid, viene siempre que puede a Alcañices para desintoxicarse.

Seguidamente hay un pajero de los herederos de Domingo Gago “Rabietas” y un huerto con un garaje al fondo propiedad de Jesús “Cotoví”. Allí  una  regadera  atravesaba la calle, por la que fluía el agua que, procedente de Cubillas, regaba la huerta del marqués y, cruzando la carretera nacional, también   el prado que hoy pertenece al matrimonio formado por Narciso y a María.

Lo siguiente a es una cuadra que pertenecía a Sisenando González y a Aniceta, su esposa, en ella guardaban las vacas y caballerías que utilizaban para los trabajos de labranza y a una piara de chillones parros,  a los que eran muy aficionados. Manolo, el hijo del matrimonio, los sacaba todos los días para el rio. Sisenando era natural de Peguerinos, pueblo de Segovia cercano a San Rafael. La  vivienda que habitaba el matrimonio estaba a continuación. La   heredó Celina, hija del matrimonio, que la acondicionó y vivió en ella siempre que venía al pueblo.

La penúltima edificación por este lado de la calle, es una casa que construyó un guardia civil de Alcorcillo  Isidoro Guiteria con Delia, su mujer.  Rubio,  aval de lo que dije más arriba. Vivió   en ella todo el tiempo que estuvo destinado en La Villa. Ahora está habitada por Margarita, Hija de Ismael el de la Srª Elisa.

La última casa de la calle pertenecía a Santiago Ramos “Corín”. Era una vivienda de planta baja  que  derribaron para construir la que existe en la actualidad. Santiago se dedicaba a la venta de pescado. Cuando Juan Antonio dejó la que tenía en los soportales de la casa de Dacosta él puso en el mismo local la pescadería. También llevaba pescado, fruta y otros productos a varios  pueblos alistanos. La casa pertenece a la familia y ahora está  deshabitada.

Gracias por acompañarme en estos paseos. Supongo que, aunque virtualmente como hasta ahora, seguiremos haciéndolos.
Saludos
Jesús Barros Martín   

3 comentarios:

  1. Me ha encantado, lo único puntualizar que la casa de Agustín Carrión nunca estuvo deshabitada. Gracias.

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  2. 80gela, gracias por la puntualización, el error ya está corregido. Como he dicho en algún sitio de estos paseos, escribo de memoria. Supuse que después de fallecer el matrimonio ninguno de sus hijos vivía en la casa. Mal supuesto.
    Me alegro que te haya gustado lo escrito. Por la cantidad de lectores que tengo me siento muy satisfecho.

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  3. Esta genial Yo solia ir con mi abuela Carmen desde Latedo hasta Alcañices a comprar HILOS y otras cosas a la izda del Bar Central Como me gustaba el trato que tebia esa señora con la gente A mi me llamaba mi chiquita Rubia....

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